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| Temas de la Mesa Redonda de la
AED en el XXVII Congreso de la SEPD. A Coruña, 2000: "Exploración ecográfica en la cirrosis
hepática sin hepatocarcinoma" |
| Sumario:
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VALOR
DIAGNÓSTICO DE LA ECOGRAFÍA EN LA CIRROSIS HEPÁTICA
Dr. GÓMEZ RODRÍGUEZ
HOSPITAL VIRGEN DE LA SALUD - TOLEDO
El estudio ecográfico del hígado es
una prueba insustituible tras la realización de la historia clínica y la exploración
física del enfermo con sospecha de patología hepática
La cirrosis es una enfermedad crónica y
progresiva del hígado caracterizada por la presencia de fibrosis y nódulos de
regeneración. Su diagnóstico habitualmente se basa en la laparoscopia y biopsia
hepática, técnicas invasivas que tienen morbi-mortalidad. Además es conocido el alto
porcentaje de falsos negativos de la biopsia hepática en el diagnóstico de cirrosis. Por
tanto sería muy útil disponer de exploraciones no invasivas que permitieran un
diagnóstico de dicha enfermedad.
La utilidad de la ultrasonografía (US) en
el estudio de la cirrosis hepática está basada en varios aspectos. En primer lugar,
puede ser útil en el Diagnóstico de la Cirrosis, ya que por una parte existe una
semiología ecográfica que nos puede ayudar al diagnóstico, y sobre este tema es el que
nosotros centraremos nuestra atención, y por otra parte, la US es una técnica
indispensable para dirigir la obtención de las muestras para histología y citología en
pacientes con hepatopatía, habiéndose demostrado que el número de complicaciones
disminuye cuando la biopsia hepática se obtiene bajo control ecográfico. Se están
produciendo cada día nuevos adelantos que en los próximos años facilitarán el
diagnóstico de las enfermedades hepáticas,.
Otros aspectos en los que la ecografía es
de gran importancia, pero sobre los que nosotros no nos detendremos, son el valor de la
ecografía en el estudio y seguimiento de las complicaciones de la cirrosis. Así es
sabido que la ecografía debe utilizarse en el screening del carcinoma hepatocelular,
puede aportar datos sobre el desarrollo de hipertensión portal en pacientes con
hepatopatía, y existen datos que pueden ser útiles en la valoración del pronóstico de
los pacientes cirróticos.
SEMIOLOGIA ECOGRÁFICA DE LA CIRROSIS HEPÁTICA
En condiciones normales el hígado
presenta un patrón ecográfico homogéneo, con una ecogenicidad similar a la que presenta
la corteza renal o discretamente hiperecogénico respecto a la misma. La superficie
hepática normalmente es lisa y regular, y el borde inferior es agudo sobre todo en el
lóbulo hepático izquierdo. El diagnóstico ecográfico de cirrosis está basado en la
alteración de la ecogenicidad del parénquima hepático, la existencia de una superficie
nodular o irregular por la presencia de nódulos de regeneración, la detección de las
alteraciones en el tamaño de los lóbulos del hígado, la presencia de datos de
hipertensión portal y el estudio mediante doppler. En la sistemática de estudio por
tanto es importante la valoración de la ecogenicidad, tamaño, forma, bordes y
estructuras vasculares del hígado.
Alteración de la Ecogenicidad
En el estudio ecográfico de la
cirrosis el parénquima hepático deja de ser homogéneo, apareciendo un patrón
heterogéneo. No debe confundirse este patrón con el que aparece en la esteatosis,
caracterizada por un "hígado brillante". En los primeros trabajos publicados,,,
sobre el valor de la ultrasonografía en el diagnóstico de cirrosis hepática era
difícil diferenciar los datos de infiltración grasa de los cambios producidos por la
propia cirrosis hepática. Esto es debido por una parte a que en la cirrosis, sobre todo
en la alcohólica, existe esteatosis en mayor o menor grado. En algunos de estos estudios
se utilizaba como signo de cirrosis la existencia de un hígado brillante que, como se ha
comprobado, está más en relación con la presencia de infiltración grasa. En este tipo
de patrón ecográfico se produce una mayor o menor atenuación del sonido en zonas más
posteriores del hígado, lo que se traduce en pérdida de la definición de las
estructuras en dicha localización. Estudios posteriores han confirmado, que la atenuación del sonido sólo se produce en
los casos en que existe infiltración grasa, y que la fibrosis por sí sola no conduce a
tal atenuación y por tanto, los pacientes con cirrosis hepática sin infiltración grasa,
tienen una atenuación y ecogenicidad similar a los controles sanos,. En
cualquiera de los casos es cierto que en la cirrosis se detecta una alteración de la
ecogenicidad, y aunque puede existir un hígado hiperecogénico, el patrón ecográfico es
más heterogéneo, grosero e irregular, produciendo cierta distorsión en los vasos del
parénquima hepático. En ocasiones la alteración de la ecogenicidad es tan importante
que puede plantear problemas de diagnóstico diferencial con la infiltración neoplásica.
Esta alteración en la ecogenicidad es debida a las lesiones histológicas existentes,
principalmente la presencia de nódulos de regeneración y fibrosis. Mediante ecografía
se ha podido detectar la presencia de nódulos de regeneración utilizando transductores
de alta frecuencia. En un trabajo se comprobó que la presencia de un patrón heterogéneo
y nodular confirman la presencia de enfermedad hepática crónica, un patrón
hiperecogénico homogéneo puede sugerirla, pero el diagnóstico de hepatopatía crónica
no puede hacerse con una ecografía normal o por la presencia de una hepatomegalia
inespecífica.
Superficie Hepática Nodular o
Irregular
Mediante el estudio de la
superficie hepática con US se puede llegar a demostrar la presencia de nódulos de
regeneración en la misma, que se pone de manifiesto por la existencia de una superficie
irregular en lugar de ser lisa
(Figura 1). Esto habitualmente es más fácil de estudiar en la superficie anterior del
lóbulo hepático izquierdo, y es más obvio cuando existe ascitis. Esto conduce a que la
línea hiperecogénica de la superficie hepática se encuentra interrumpida, dando lugar
al signo " de la línea punteada " que es característico de la cirrosis
micronodular. La exactitud diagnóstica del análisis de la superficie hepática alcanza
una sensibilidad del 88 % y una especificidad del 81-95% usando transductores de alta
frecuencia,. En otros estudios la ultrasonografía ha mostrado sus limitaciones
en la detección de nódulos de regeneración intraparenquimatosos, y el análisis de la
superficie hepática presentó escaso valor diagnóstico en el trabajo realizado por
Ladenhein. Por otra parte, dicha irregularidad no es totalmente específica puesto que
puede verse en el 7 % de los pacientes con metástasis. A pesar de estas limitaciones,
estamos de acuerdo con otros autores y creemos que la ecografía es bastante exacta en el
diagnóstico de cirrosis valorando el grado de nodularidad de la superficie hepática,
datos que han sido confirmados recientemente. En otros estudios se ha utilizado un sistema
de puntuación analizando la irregularidad de la superficie, la textura del parénquima
hepático, la visibilidad de los vasos intrahepáticos y el tamaño del bazo,
demostrándose útil en la detección del desarrollo de cirrosis en pacientes con
hepatitis crónica.
Alteración en el Tamaño de los
Lóbulos Hepáticos
En la cirrosis puede existir
alteración en el tamaño del hígado pudiendo existir hepatomegalia, aunque también el
hígado puede permanecer dentro de los límites normales,,. Sin embargo, lo
típico de la cirrosis es que se produzca una atrofia del lóbulo derecho con una
hipertrofia del lóbulo caudado, que está en relación con la diferente
vascularización de ambos lóbulos, dado que el aporte sanguíneo al lóbulo caudado tiene
su origen en la proximidad del hilio hepático y presenta un menor recorrido
intrahepático que el resto de la glándula, por lo que los vasos se encuentran menos
distorsionados por la fibrosis hepática. Basados en este hecho, uno de los datos que en
los últimos años ha sido valorado en el diagnóstico de la cirrosis hepática es el
tamaño del lóbulo caudado. Harbin en 1.980 comprobó que la relación entre el lóbulo
caudado y el lóbulo derecho tenía una alta sensibilidad y especificidad en el
diagnóstico de cirrosis. Para valorar dicha hipertrofia se recurre al cociente entre el
lóbulo caudado y el lóbulo derecho como se muestra en la Figura 2. Si dicho cociente es
mayor o igual a 0.65 se puede diagnosticar cirrosis con una sensibilidad del 84 %, una
especificidad del 100 % y una exactitud del 93.8 %. En otros estudios, aunque se comprobó
que dicho cociente era útil en la valoración de la enfermedad hepática crónica dada su
alta especificidad (100 %), se obtuvo una menor sensibilidad (43 %). En estudios más
recientes en los que se ha comprobado la hipertrofia del lóbulo caudado en la cirrosis
hepática y analizando diferentes índices del lóbulo caudado, se encontró que el
criterio más fiable para el diagnóstico de cirrosis mediante ecografía es el cociente
entre la multiplicación de los tres diámetros mayores del caudado dividido por el
diámetro transversal del lóbulo derecho, que presenta una sensibilidad del 94.7 % con
una especificidad superior al 95 %. En nuestra experiencia creemos que la valoración del
tamaño del lóbulo caudado es de un gran valor diagnóstico pero debe simplificarse.
Nosotros utilizamos el diámetro máximo anteroposterior de dicho lóbulo, que si es mayor
de 3.5 cms. presenta una especificidad del 93 % con una sensibilidad del 49 % (Figura 3). Otro criterio utilizado en el diagnóstico de
cirrosis determinando dimensiones de los lóbulos hepáticos es el utilizado por Goyal,
que encuentra que el cociente entre el diámetro longitudinal en la línea media
clavicular del lóbulo derecho hepático, dividido por el diámetro longitudinal del
lóbulo izquierdo en la línea media, presenta una sensibilidad del 74 % con una
especificidad del 100 % cuando dicho cociente es menor de 1.3. Más recientemente,
Lafortune ha introducido un nuevo parámetro midiendo el diámetro transversal del
segmento 4 (lóbulo cuadrado) obteniendo una especificidad del 100%. Al igual que en otras
enfermedades que pueden producir hepatomegalia, en la cirrosis el borde hepático inferior
que suele ser agudo se redondea y se hace romo.
Datos de Hipertensión Portal
Aunque el estudio ultrasonográfico
de la hipertensión portal y su valoración mediante doppler se sale del tema que nos
ocupa, hay que resaltar que en el estudio ecográfico de la cirrosis es importante la
detección de datos ecográficos de Hipertensión Portal. La valoración ecográfica en la
hipertensión portal está basada en la dilatación del sistema venoso esplenoportal y la
presencia de colaterales. La ecografía es un método no invasivo, fiable y de bajo coste
para el estudio del sistema portal.
Estudio mediante Doppler
Sin querer hacer una descripción
exhaustiva del valor del estudio doppler de la cirrosis hepática es necesario señalar su
importancia, sobre todo en el estudio de la hipertensión portal, donde cada día se
muestra más prometedor.
Con el estudio doppler,
además de los datos de hipertensión portal, se ha demostrado que en la cirrosis se
produce una alteración en la onda normal trifásica a nivel de las venas suprahepáticas,
apareciendo una onda plana en el 18 % de los casos y una onda con oscilaciones disminuidas
sin la fase de flujo inverso en el 31.7 %, datos que además se correlacionan con la
severidad de la enfermedad. El estudio de las venas hepáticas también se ha demostrado
útil en otros estudios. Igualmente el estudio de la velocidad portal y de la arteria
hepática se han mostrado de valor,. Recientemente el "índice vascular
hepático" se ha mostrado muy prometedor dada la alta sensibilidad y especificidad.
Otros Datos Ecográficos
Pueden existir otros hallazgos ecográficos
en pacientes con cirrosis que conviene conocer para hacer una interpretación adecuada de
los mismos. Entre ellos están el diámetro de la arteria hepática y el volúmen
vesicular que se encuentran significativamente aumentados en la cirrosis,.
En pacientes con cirrosis puede aparecer
agrandado el proceso papilar del lóbulo caudado. Este aparece como una estructura ovoidea
separada del hígado en cortes transversales, con un diámetro de 8-39 mm, situado siempre
por delante de la arteria hepática común cerca de la vena porta y del istmo
pancreático. Este proceso papilar puede crear problemas diagnósticos con adenopatías o
masas pancreáticas.
Combinación de Varias Variables
Ecográficas
Recientemente se ha estudiado la
utilidad diagnóstica de la US utilizando una combinación de varias variables
ecográficas,,, En el
estudio de Aubelos parámetros que presentaron una mayor exactitud diagnóstica fueron la
longitud del hígado, la nodularidad de la superficie hepática y el tamaño esplénico.
Sin embargo, este autor cree que el valor de la ultrasonografía es limitado y que se debe
ser prudente en su aplicación en el diagnóstico de cirrosis dadas las limitaciones
anatómicas de la técnica. Otro importante estudio realizado por Gaiani sugiere que la US
es exacta en el diagnóstico de pacientes con cirrosis compensada y que puede
identificarla aun en la ausencia de datos histológicos de cirrosis en la biopsia ya que
esta muestra un porcentaje de falsos negativos. Las variables que se asociaron de forma
independiente con la presencia de cirrosis en este estudio fueron la nodularidad de la
superficie hepática y la velocidad portal, con una exactitud diagnóstica del 82.2%. Sin
embargo, la ausencia de signos específicos en la US no puede excluir su existencia.
En este sentido nosotros realizamos un
estudio prospectivo para determinar la sensibilidad (S) y especificidad (E) de múltiples
parámetros ecográficos, tanto de forma individual como conjuntamente, en el diagnóstico
de cirrosis hepática, para lo cual incluimos 43 pacientes diagnosticados de cirrosis
hepática mediante laparoscopia y/o biopsia y 42 pacientes sin cirrosis hepática ( 27
hepatitis crónica activa, 13 hepatitis crónica persistente y 2 esteatosis). Encontramos
que existieron diferencias estadisticamente significativas entre ambos grupos de enfermos
en diferentes parámetros como se muetra en las tablas I y II. Mediante las curvas ROC los
parámetros con una especificidad superior al 90% que presentaron mayor sensibilidad
fueron: superficie nodular (S 81%), patrón heterogéneo (S 65%), longitud esplénica
superior a 13 cm (S 51%), diámetro anteroposterior del caudado superior a 35 mm (S 49%),
borde romo (S 46%) y calibre portal en espiración mayor de 12 mm (S 35%) (Tabla III).
Agrupando los parámetros objetivos o medibles (diámetro anteroposterior del caudado,
longitud esplénica y calibre de la porta) se aumentó la sensibilidad hasta el 77 %, con
una E del 91% (Tabla IV). Agrupando los parámetros subjetivos (nodularidad, patrón
heterogéneo y borde romo) la sensibilidad fue del 86 %, con una E del 87% (Tabla V). En
la Tabla VI se muestra la S y E agrupando los parámetros subjetivos y objetivos. La
sensibilidad y la especificidad obtenidas al agrupar los parámetros subjetivos es solo
ligeramente superior a la presentada por la valoración individual de la superficie
nodular ( Tabla III y IV). Pensamos que esto es consecuencia de la alta sensibilidad y
especificidad de la nodularidad hepática, presente en la mayoría de los pacientes con
cualquiera de los otros parámetros estudiados (Tablas IV y VI), lo cual condiciona la
sensibilidad y la especificidad al agrupar distintos parámetros. Por tanto, aunque se
presta al subjetivismo, una vez familiarizado con este dato ecográfico creemos que es de
gran utilidad como ya manifestó Di Lelio. En conclusión creemos que existen datos
ecográficos de utilidad diagnóstica en la cirrosis hepática. Resaltamos que la
valoración conjunta de datos medibles, como son el diámetro anteroposterior del caudado,
longitudinal del bazo y el calibre de la porta, presentan una alta sensibilidad y
especificidad (S 77%, E 91%). Cuando se utiliza sólo un parámetro, la nodularidad de la
superficie hepática, aunque se presta al subjetivismo, es el de mayor sensibilidad y
especificidad (S 81%, E 90%).
CONCLUSIONES
En resumen, podemos decir, que
aunque el diagnóstico de cirrosis descansa en su demostración histológica, la
ultrasonografía es capaz de aportar datos que hacen muy probable el diagnóstico, si bien
hay que aceptar sus limitaciones dado que no existen signos ecográficos infalibles.
Creemos que la ecografía puede ser de gran utilidad en los casos en los que no es posible
obtener una biopsia hepática como ocurre en pacientes con trastornos de la coagulación,
enfermedades asociadas graves (insuficiencia respiratoria, cardiaca, etc.), o negativa del
enfermo a su realización. Además existen casos en que la biopsia hepática presenta
falsos negativos, en los que la ecografía puede ayudar en el diagnóstico del enfermo. Un
aspecto que nos parece especialmente interesante es que puede aportar datos sobre la
evolución a cirrosis en enfermos diagnosticados previamente de hepatitis crónica, aunque
todavía no está establecido como debería realizarse el seguimiento de estos pacientes.
TABLA I
COMPARACION DE LAS CARACTERISTICAS DEL
PARENQUIMA HEPATICO
Y DEL TAMAÑO DE LOS LOBULOS ENTRE
LOS PACIENTES CON Y SIN CIRROSIS HEPATICA
HOSPITAL VIRGEN DE LA SALUD - TOLEDO
| |
CIRROSIS |
NO CIRROSIS |
p |
| HIPERECOGENICO |
19 % |
10 % |
NS |
| HETEROGENEO |
65 % |
5 % |
0.01 |
| BORDE ROMO |
47 % |
5 % |
0.01 |
| SUPERFICIE NODULAR |
81 % |
10 % |
0.01 |
| LOBULO IZQUIERDO |
|
|
|
| AP (cm) |
5.9 +
1.1 |
6.0 +
1.2 |
NS |
| L (cm) |
10 + 2.1 |
9.3 +
1.6 |
NS |
| LOBULO DERECHO |
|
|
|
| AP (cm) |
12.9 + 2 |
13.2 +
1.3 |
NS |
| L (cm) |
11.5 +
2.9 |
12.6 +
2.6 |
NS |
| T (cm) |
7.4 +
1.4 |
8.5 +
1.6 |
0.01 |
| LOBULO CAUDADO |
|
|
|
| AP (cm) |
3.5 +
1.1 |
2.8 +
0.5 |
0.01 |
| L (cm) |
4.6 + 1 |
4.3 +
0.8 |
NS |
| T (cm) |
4.3 +
1.1 |
4.1 +
0.6 |
NS |
| INDICE CT/TD |
0.62 +
0.34 |
0.50 +
0.14 |
0.05 |
| CAUDADO-3/TD |
10.8 +
7.4 |
6.3 + 3 |
0.01 |
| I.VOLUMETRICO |
675 +
276 |
793 +
239 |
0.05 |
Abreviaturas: AP= diámetro
anteroposterior; L=diámetro longitudinal; T=diámetro transversal; Indice CT/LD=indice
diámetro transversal lobulo caudado/diámetro transversal lóbulo derecho. CAUDADO-3/LD=
multiplicación de los tres diámetros del lóbulo caudado/ diámetro transversal del
lóbulo derecho.
TABLA II
VASOS ESPLENOPORTALES, DOPPLER, PRESENCIA DE
ASCITIS Y
TAMAÑO DEL BAZO EN PACIENTES CON Y SIN
CIRROSIS
HOSPITAL VIRGEN DE LA SALUD - TOLEDO
| |
CIRROSIS |
NO CIRROSIS |
p |
| VENA PORTA |
|
|
|
| INSPIRACION mm |
11.9 +
1.9 |
10.9 +
1.2 |
0.01 |
| ESPIRACION mm |
10.9 +
2.3 |
9.5 +
1.4 |
0.01 |
| VENA ESPLENICA |
|
|
|
| INSPIRACION mm |
8.5 +
2.8 |
7 + 1.8 |
0.01 |
| ESPIRACION mm |
7.2 +
2.7 |
4.9 +
1.2 |
0.01 |
| % VARIACION |
15.5 +
11.7 |
26.8 +
16.2 |
0.01 |
| VENA MESENTERICA |
|
|
|
| INSPIRACION mm |
9.4 +
2.4 |
8.4 +
1.5 |
p=0.05 |
| ESPIRACION mm |
8 + 2.4 |
6.3 +
1.8 |
0.01 |
| COLATERALES (%) |
29 |
0 |
0.01 |
| ARTERIA HEPATICA mm |
4.3 +
0.9 |
3.4 +
0.8 |
0.01 |
| |
|
|
|
| ASCITIS (%) |
26 |
0 |
0.01 |
| BAZO |
|
|
|
| LONGITUD cm |
13.4 +
2.2 |
10.8 +
1.6 |
0.01 |
| AREA cm2 |
63.2 +
24.8 |
39.4 +
12.5 |
0.01 |
TABLA III
PARAMETROS MÁS SENSIBLES Y ESPECIFICOS
HOSPITAL VIRGEN DE LA SALUD - TOLEDO
| |
SENSIBILIDAD
% |
ESPECIFICIDAD
% |
| SUPERFICIE NODULAR |
81 |
90 |
| PATRON HETEROGENEO |
65 |
95 |
| LONGITUD DEL BAZO > 13 cm |
51 |
95 |
| CAUDADO AP > 3.5 cm |
49 |
93 |
| BORDE ROMO |
46 |
95 |
| CAUDADO3/L.D. > 10 |
46 |
92 |
| V. PORTA ESPIRACION > 12 mm |
35 |
100 |
TABLA IV
PARAMETROS SUBJETIVOS (NO MEDIBLES)
NODULARIDAD, PATRON HETEROGENEO Y BORDE
ROMO
HOSPITAL VIRGEN DE LA SALUD - TOLEDO
| |
SENSIBILIDAD |
ESPECIFICIDAD |
| UN PARAMETRO PRESENTE |
86 |
87 |
| DOS O MÁS PARAMETROS PRESENTES |
70 |
95 |
TABLA V
PARAMETROS OBJETIVOS (MEDIBLES)
CAUDADO AP, BAZO LONGITUDINAL Y PORTA
ESPIRACION
HOSPITAL VIRGEN DE LA SALUD - TOLEDO
| |
SENSIBILIDAD |
ESPECIFICIDAD |
| UN PARAMETRO PRESENTE |
77 |
91 |
| DOS O MÁS PARAMETROS PRESENTES |
41 |
100 |
TABLA VI
PARAMETROS OBJETIVOS Y SUBJETIVOS
HOSPITAL VIRGEN DE LA SALUD -
TOLEDO
| |
SENSIBILIDAD |
ESPECIFICIDAD |
| UN PARAMETRO PRESENTE |
89 |
85 |
| DOS O MÁS PARAMETROS PRESENTES |
81 |
94 |
PIES DE FIGURAS
Figura 1 Cirrosis hepática.
Detalle de un hígado con patrón ecográfico heterogéneo y superficie irregular, que se
pone fácilmente de manifiesto por la existencia de ascitis.
Figura 2 Forma de determinar el cociente
entre el lóbulo caudado y el lóbulo derecho según Harbin. Las líneas verticales se
trazan a nivel de la pared lateral derecha de la vena porta principal cerca de su
bifurcación (línea A) y del borde medial del lóbulo caudado (línea B). LD: lóbulo
derecho. LD: Lóbulo caudado.
Figura 3 Lóbulo caudado hipertrófico (puntas de flecha)
con un diámetro antero-posterior de unos 4 cm en un paciente con cirrosis hepática. En
nuestra opinión este diámetro es fácil de obtener y presenta una alta especificidad.
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VALOR DE
LA ECOGRAFÍA EN LA ESTADIFICACIÓN DE LA HEPATOPATÍA CRÓNICA Y EN EL PRONÓSTICO DE LA
CIRROSIS HEPÁTICA
Manuel A. Macías Rodríguez. Servicio
de Aparato Digestivo. Hospital Universitario Puerta del Mar. Cádiz.
En los pacientes con hepatopatía crónica,
la ecografía (US) puede poner de manifiesto diferentes anomalías que pueden ser más
evidentes con el avance de la enfermedad. Múltiples estudios han analizado estos
hallazgos, pero relativamente pocos han demostrado que la determinación de algunos de
ellos suponga alguna aportación al estudio de estos pacientes, y es en éstos en los que
centraremos esta breve revisión.
UTILIDAD EN LA ESTADIFICACIÓN DE LA
HEPATOPATÍA
La utilidad de la US en el diagnóstico de
la hepatopatía difusa es objeto de discusión Si bien se acepta una sensibilidad en el
diagnóstico de esteatosis del 60-90 %1,2, y el diagnóstico de la cirrosis
descompensada es relativamente fácil de realizar, el diagnóstico de hígado anormal
mediante US se realiza tan sólo en el 57-75 % de los pacientes con hepatopatía crónica2-4,
y pocos estudios han analizado la rentabilidad de la técnica en la predicción de la
existencia de una cirrosis en pacientes sin indicios de disfunción hepatocelular ni
hipertensión portal evidente, situación frecuente en el momento actual.
En la cirrosis avanzada la US puede poner
de manifiesto cambios floridos a nivel del parénquima hepático como son la presencia de
un borde irregular, parénquima heterogéneo de ecogenicidad aumentada, aumento de tamaño
del lóbulo caudado, atrofia del lóbulo derecho o distorsión del patrón vascular. A
estos se añadirán datos de hipertensión portal que con frecuencia son los que sugieren
que la enfermedad hepática ha alcanzado el estadio de cirrosis: dilatación de la vena
porta, presencia de circulación colateral, ascitis o esplenomegalia5. En estas
fases, el estudio Doppler no suele ser necesario para establecer el diagnóstico de
cirrosis.
En los pacientes con hepatopatía difusa
poco evolucionada la exploración ecográfica puede ser rigurosamente normal o poner de
manifiesto a lo sumo una hepatomegalia. No hay estudios que permitan establecer una
correlación entre hallazgos ecográficos y gradación histológica en pacientes sin
cirrosis, aunque la distorsión del parénquima hepático, el aumento proporcional del
lóbulo caudado y el aplanamiento de la onda de las venas suprahepáticas en el estudio
doppler muy probablemente se asocien a la existencia de fibrosis6,7. En cuanto
a la capacidad de la US para establecer la evolución a cirrosis no sospechada por la
clínica ni la analítica, varios estudios han analizado la utilidad de la valoración
conjunta de diversos parámetros en escalas de puntuación. Lin et al8
incluyeron la irregularidad del borde hepático, la alteración de su ecoestructura, la
distorsión del patrón vascular y la esplenomegalia en un estudio de pacientes sometidos
a biopsias y US periódicas; establecieron el diagnóstico de cirrosis con una
sensibilidad del 82 % y especificidad del 80 %. Gaiani et al9 obtuvieron
similares resultados en una amplia serie de pacientes valorando la irregularidad del borde
hepático y la disminución de la velocidad de flujo en la vena porta. Estos estudios
reflejan la capacidad de la técnica en manos expertas y en pacientes que se sabe padecen
una hepatopatía crónica, pero no se pueden considerar extrapolables a exploradores poco
habituados ni a la exploración de pacientes sin enfermedad hepática conocida. De mayor
facilidad es la valoración del aplanamiento de la onda del flujo de las venas
suprahepáticas, que en otro estudio italiano determinó la existencia de cirrosis en
pacientes con hepatopatía crónica con sensibilidad del 75 % y especificidad del 78 %10.
UTILIDAD EN EL PRONÓSTICO DE LA CIRROSIS
Predicción del riesgo de muerte:
En una cohorte de pacientes con
cirrosis en grados A o B de Child seguidos durante 5 años, la disminución del tamaño
hepático (estimado por su volumen) se mostró predictor del riesgo de muerte en un modelo
de Cox que incluía determinaciones bioquímicas y el tamaño de las varices esofágicas11.
No influyeron otras variables ecográficas como tamaño del bazo y calibre de los vasos
esplácnicos. Otro estudio del mismo grupo, con una población más heterogénea, aunque
también de pacientes compensados, demostró que la reducción de la velocidad media del
flujo en la vena porta (< 10 cm/seg) suponía una mayor mortalidad a 3 años en
cirróticos con el mismo grado de Child12. En sujetos sanos el flujo portal
aumenta tras la ingesta; de Vries et al13 observaron que una aceleración de la
velocidad de flujo portal, tras la ingesta, de inicio precoz pero de escasa cuantía se
asoció a una mayor mortalidad y riesgo de rotura de varices esofágicas. Junto a la
esplenomegalia fue el único predictor independiente en pacientes con cirrosis en grados A
o B de Child. En un estudio sobre 120 pacientes, una onda plana del flujo en las venas
suprahepáticas, demostrada mediante Doppler pulsado, mostró una sensibilidad del 47 % y
especificidad del 100 % en la predicción del riesgo de muerte tras un seguimiento medio
de 13 meses; aunque el patrón de flujo se correlacionó con el grado de Child, en el
análisis multivariante mantuvo su significación estadística junto a la bilirrubina y la
actividad de protrombina14. Finalmente, la elevación del índice de
resistencia renal, en pacientes con cirrosis avanzada, indica un riesgo elevado de
aparición de insuficiencia renal a corto plazo15 y una mayor mortalidad16.
En un estudio realizado en nuestro
Servicio, analizamos los factores predictores del riesgo de muerte en una cohorte de 75
pacientes en grado A de Child-Pugh seguidos por término medio durante 37 meses. Se
incluyeron en el modelo de Cox variables clínicas, bioquímicas y ecográficas (tamaño
hepático, calibre de la vena porta, presencia de circulación colateral y tamaño
esplénico). El riesgo relativo de fallecimiento fue 6 veces mayor en pacientes con una
vena porta mayor de 13 mm y/o un diámetro longitudinal del bazo mayor de 145 mm17.
Predicción del riesgo de sangrado por
hipertensión portal:
La presencia de flujo hepatófugo en la
vena porta se ha asociado a una menor incidencia de sangrado por rotura de varices
esofágicas, aunque también a peor función hepática y encefalopatía18. Por
el contrario, la presencia de una vena gástrica con flujo hepatófugo, sobre todo si su
velocidad es elevada, es frecuente en pacientes con grandes varices esofágicas19.
Una elevada impedancia en la arteria hepática, determinada por su índice de resistencia
o el de pulsatilidad también se ha relacionado con la presencia de varices grandes,
aunque este es un hallazgo discutido y no se ha descrito una adecuada precisión
diagnóstica20. Puede, por ello, ser de más interés en el seguimiento de los
pacientes con cirrosis el resultado de otro estudio que sugiere que un índice de
pulsatilidad en la arteria hepática > 1,05 se asocia a hipertensión portal
clínicamente significativa (gradiente de presión en venas suprahepáticas > 12 mmHg)
en el 86 % de los casos con una especificidad del 88 %21.
Diversos estudios han aplicado escalas de
puntuación sobre varios parámetros ecográficos. Medhat et al22 observaron
que la dilatación de la vena porta, la esplenomegalia, la presencia de circulación
colateral y la amputación de las ramas intrahepáticas de la vena porta se asociaban a la
presencia de varices esofágicas con elevada especificidad, y una escala de puntuación
con las cuatro variables alcanzaba una sensibildad del 90 %. Schmassmann et al23
aplican otra escala más compleja con signos ecográficos de hipertensión portal entre
los que incluyen la velocidad del flujo en la vena porta, con la que consiguen predecir
diferencias en el riesgo de resangrado tras un episodio de rotura de varices esofágicas.
Finalmente, Siringo et al24 analizaron la utilidad de variables clínicas,
analíticas, endoscópicas y ecográficas en la predicción del primer episodio de
sangrado en una cohorte de 87 pacientes cirróticos seguidos durante un tiempo medio de 2
años. Mediante el modelo de Cox fueron seleccionados el tamaño de las varices, la
presencia de puntos rojos, la bilirrubina y el índice de congestión de la vena porta,
con los que se consiguió predecir el riesgo de sangrado en los 6 meses siguientes con una
precisión del 73 %. No consiguieron, en cambio, predecir el riesgo de sangrado
transcurrido este tiempo, posiblemente por las modificaciones que estas determinaciones
sufren en la evolución de la enfermedad.
Predicción del riesgo de aparición de
un hepatocarcinoma:
La presencia de un patrón nodular
difuso (múltiples nódulos hipoecoicos de 3-6 mm) se ha asociado en varios estudios a un
mayor riesgo de degeneración tumoral. Se ha demostrado que en los pacientes con esta
imagen ecográfica, la actividad proliferativa de los hepatocitos está incrementada,
factor este de reconocida importancia en la carcinogénesis hepática25,26.
BIBLIOGRAFÍA
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UTILIDAD
DE LA ECOGRAFÍA EN EL ESTUDIO DE LA HIPERTENSIÓN PORTAL Y EN LA EVALUACIÓN DE LA
RESPUESTA A LA TERAPEUTICA.
Dra. C. Brú
Centro de Diagnóstico por la Imagen
Hospital Clínic. Barcelona.
El eje esplenoportal se estudia fácilmente
por ultrasonidos y doppler, ya que la vena porta en su porción intra y extrahepática
puede objetivarse sin dificultad a través del parenquima hepático. En condiciones
normales se observan también las venas esplénica y mesentérica superior, siendo la
observación de la vena mesentérica inferior y la coronario estomáquica posibles, en una
búsqueda intencionada, en muchos de los pacientes. La presencia de ascitis importante
así como la existencia de un lóbulo izquierdo pequeño representan un problema adicional
que puede contrarrestarse mediante el uso de contrastes.
Durante la evolución de la hipertensión
portal (HTP), aparece una amplia circulación colateral porto-sistémica, al mismo tiempo
que se produce un aumento de volemia y una circulación hiperdinámica con aumento del
flujo sanguíneo portal que hace que el flujo portal que llega al hígado se mantenga a
pesar de la existencia de un elevado grado de derivación (shunting) porto-sistémico.
Estas diferentes fases de la evolución de la HTP hace que cuando se realizan medidas de
velocidad y flujo portal en pacientes diagnosticados por hemodinámica de HTP, se obtengan
un rango muy amplio de valores.
La observación de colaterales permite el
diagnóstico de HTP, siendo las colaterales porto-sistémicas más fácilmente detectadas
por ecografía : venas paraumbilicales, vena coronario-estomáquica o gástrica izquierda,
venas gástricas cortas y venas retroperitoneales comunicando la vena esplénica con la
vena renal.
El estudio ecográfico de la HTP comprende
la morfología obtenida por la ecografía y por angio-Doppler y los parámetros de
velocidades y flujos vasculares obtenidos a partir del Doppler pulsado y color.
La mayor ventaja de los US-Doppler en el
estudio de los pacientes con HTP, es el ser una técnica no invasiva. Sin embargo, si bien
la información cualitativa que proporciona es muy sólida y reproducible, la valoración
cuantitativa del flujo sanguíneo es menos precisa debido a razones anatómicas,
funcionales y de habilidad del observador.
En el estudio y seguimiento de los
pacientes con hipertensión portal, los US-doppler pueden ser utilizados desde un punto de
vista cualitativo ( determinación de la presencia de flujo, dirección del mismo,
morfología de las registros doppler), semicuantitativo (índices de resistencia o
pulsatilidad) o cuantitativo (medida de velocidades y flujos). Las principales
indicaciones en el estudio de la HTP son :
- Valoración de la permeabilidad portal y dirección del
flujo.
2- Medida del flujo portal o bien
medida de la velocidad media portal con una menor variabilidad y fácilmente utilizable al
comparar valores durante el seguimiento de un paciente.
Deben tenerse en cuenta una serie de
condiciones para que las medidas de velocidad sean reproducibles:
- Angulo entre el haz doppler y la vena
porta inferior a 60º . - Registro Doppler nítido, acústico y gráfico. - Medida de la
velocidad de flujo obtenida a partir de tres medidas consecutivas.
- Respiración suave, ya que el
mantenimiento de la inspiración profunda produce un aumento de velocidad ( mayor en el
sujeto sano).
- Ayunas: existe un aumento de flujo
postprandial, más precoz en el sujeto sano que en el cirrótic. A ser posible a la misma
hora ( cambios circadianos).
- El ejercicio modifica también el flujo
portal de modo que es conveniente realizar las mediciones después de 15 minutos de
reposo.
- En portas de gran tamaño, el flujo puede
ser turbulento o helicoidal en cuyo caso las medidas obtenidas no son representativas del
flujo real. .
3- Diagnóstico de hipertensión portal:
El diagnóstico de certeza de la existencia de hipertensión portal se establece en base a
la medida directa ( punción)o indirecta de la presión portal ( cateterísmo).
Existen sin embargo signos ecográficos (
aumento de diámetro portal, ausencia de variaciones del diámetro
portal-esplénico-mesentérico durante la respiración, presencia de circulación
colateral, ascitis y esplenomegalia) y alteraciones del registro doppler (disminución de
velocidad portal, aplanamiento de los registros en venas suprahepáticas, aumento de
resistencia en la arteria hepática, aumento del Indice de Congestión..) que permiten
sugerir el diagnóstico .
Muchos de los signos obtenidos por
US-doppler se observan en la HTP severa, siendo necesario encontrar parámetros que
permitan identificar los signos precoces de HTP.
4- Diagnóstico etiológico de la
hipertensión portal:
El estudio de las venas
suprahepáticas, de la vena porta y las alteraciones a nivel del parenquima hepático
permiten sugerir la etiologia de la hipertensión portal.
Mas del 90 % de los pacientes con HTP en
nuestro medio, esta es secundaria a cirrosis hepática ( contorno irregular, alteración
de la ecoestructura, hipertrofia del lobulo caudado), pudiendose asimisno identificar los
pacientes con Budd-Chiari ( trombosis de las suprahepáticas, neovascularización
intrahepática e hipertrofia del lóbulo caudado), hígado de estasis crónico,
schistosomiasis (engrosamiento periportal muy importante con hipertrofia del lobulo
izquierdo), cavernomatosis portal o malformaciones portales y fistulas arteriales. En los
casos de hipertensión portal esencial pueden no hallarse alteraciones ecográficas o bien
existir cambios de fibrosis periportal y alteración de la ecoestructura difíciles de
diferenciar de la cirrosis.
5-Estudios de fisiopatología:
Repercusión hemodinámica de la hipertensión portal en otros territorios vasculares
tales como riñón o cerebro.
6-Valoración del tratamiento de la
hipertensión portal:
FARMACOS: los fármacos
beta-bloqueantes como el propranolol producen una disminución de la velocidad portal, por
lo que la observación de cambios superiores al 20% serían indicativos de efectividad del
fármaco. La vasopresina, somatostatina, mononitrato de isosorbide, producen también una
disminución significativa de la velocidad portal y por consiguiente del flujo sanguíneo.
ANASTÓMOSIS PORTO-SISTÉMICAS: Siempre que
no exista interposición de gas, los US permiten la observación de los shunts
porto-cavas, mesentérico-cavas o espleno-renales. El uso del color y del angio-doppler y
eventualmente los potenciadores, facilitan la identificación de los mismos y por tanto
evaluar su permeabilidad . Durante el seguimiento de los pacientes con shunts
espleno-renales es frecuente observar inversión del flujo portal . Este hallazgo es casi
constante en los shunts mesentérico-cavas. Dada la dificultad de determinar el área de
la anastómosis y de conseguir un buen ángulo de insonación para las medidas Doppler,
este método no se usa para cuantificar las derivaciones porto-sistémicas.
DERIVACION PORTO-SISTÉMICA PERCUTÁNEA (
DPPI O TIPS):
La utilización de los US va a ser
fundamental en el momento de la colocación de la prótesis ya que permite acortar el
tiempo, con una mayor seguridad en el momento de la punción y evitar el riesgo de
puncionar la porta a nivel extrahepático o la vesícula biliar. Así mismo facilita la
colocación del stent de modo exacto en relación con el trayecto a recubrir.
Una vez establecida la comunicación
porto-cava intrahepática se produce un aumento significativo de la velocidad portal (casi
siempre superior a 20 cm/seg), inversión del flujo portal intrahepático y grandes
velocidades en el interior de la prótesis - suelen ser superiores a 100 cm/seg- a cuyo
nivel el flujo puede ser turbulento o presentar oscilaciones de transmisión de cava.
La complicación más frecuente en el
seguimiento, es la disminución del diámetro de la anastómosis por proliferación
pseudointimal en su interior que comporta disfunción de la derivación. En estos casos,
el aumento de resistencias al flujo de la sangre a través de la prótesis produce una
disminución de la velocidad portal y cesa el robo de sangre portal intrahepático el cual
deviene hepatopetal. Dentro del stent, pueden detectarse velocidades bajas ( < 50
cm/seg) si bien en las zonas de estenosis pueden existir velocidades altas como respuesta
a la propia estenosis o turbulencias en el segmento post-estenosis
En los casos en que existe ascitis, esta se
reacumula cuando se produce disfunción en relación con el aumento de la presión portal.
El diagnóstico de trombosis total de la
DPPI suele ser fácil ya que se traduce por ausencia de velocidad y color intrastent,
desaparece la inversión del flujo portal intrahepático y las velocidades portales son
del mismo orden a las previas a la colocación del DPPI. |

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¿PUEDE
CONTRIBUIR LA ECOGRAFIA EN LA DETECCION PRECOZ DE LAS COMPLICACIONES Y EN LA MEJORIA DE LA
SUPERVIVENCIA DE LOS PACIENTES CIRROTICOS?
G. Castellano Tortajada y A. Martín
Algíbez.
Servicio Medicina Aparato Digestivo.
Hospital Universitario "12 de Octubre". Madrid.
La cirrosis hepática (CH) es el
estadio final de las lesiones hepáticas difusas crónicas y progresivas. Se caracteriza
por la presencia de nódulos de regeneración rodeados de bandas de fibrosis (1). Las
etiologías más frecuentes son el alcoholismo y la infección por el virus de la
hepatitis C, pero las causas pueden ser múltiples: virus B, virus D, hepatitis
autoinmune, hemocromatosis, enfermedad de Wilson, déficit de alfa-1 antitripsina,
porfirias hepáticas, cirrosis biliar primaria, colangitis esclerosante primaria y otras
colestasis crónicas, esteatohepatitis no alcohólica, etc (2).
Las consecuencias fisiopatológicas de la
CH son la insuficiencia hepática y la hipertensión portal, que pueden originar una serie
de complicaciones: ictericia, ascitis, encefalopatía y hemorragia varicosa. Además, de
forma general, la CH es una lesión precancerosa y como tal puede dar lugar a
hepatocarcinoma (2).
La ecografía abdominal (EA) es una
técnica sencilla, inocua y de gran valor diagnóstico en patología abdominal. Por ello,
en los últimos años la EA se ha venido incorporando a una gran parte de las unidades de
Aparato Digestivo del país como un valiosísimo instrumento de apoyo, tanto como prueba
de imagen aislada como en el apoyo de procedimientos instrumentales. En concreto es en el
estudio de las enfermedades hepáticas donde juega probablemente su papel más importante.
En el presente tema se discute el papel de la EA en la detección precoz de las
complicaciones de la CH y su impacto sobre la supervivencia de los enfermos cirróticos.
Hemos organizado el tema abordando por
separado cada uno de los principales problemas del paciente cirrótico en los que
consideramos que la ecografía puede contribuir de manera relevante: ictericia, ascitis e
insuficiencia renal, hemorragia digestiva por varices y hepatocarcinoma.
ICTERICIA
La aparición de ictericia es un hecho
frecuente en los pacientes con CH. En muchas ocasiones es debida a la insuficiencia
hepatocelular que determina la propia cirrosis. Pero existen otras causa de colestasis
intrahepática y extrahepática que pueden ocasionar ictericia. Entre las causas de
colestasis intrahepática, además de la insuficiencia hepática, se encuentran la
seroconversión "e" en los pacientes con cirrosis por virus B, la
sobreinfección por virus A-D, la hepatitis alcohólica, los brotes de hepatitis
autoinmune, la toxicidad farmacológica y el desarrollo de hepatocarcinoma.
Por otro lado, es conocido que los
pacientes con CH tienen una prevalencia aumentada de colelitiasis y parece que su
presencia se correlaciona con la gravedad de la insuficiencia hepática (3,4). Por lo
tanto, ante la aparición de ictericia es necesario descartar la existencia de colestasis
extrahepática secundaria a una complicación de la colelitiasis: colecistitis aguda,
coledocolitiasis y pancreatitis aguda. Otras causas de colestasis extrahepática a tener
en cuenta en los pacientes con CH son la existencia de pancreatitis alcohólica y la
hemobilia.
La primera exploración a realizar en un
paciente con ictericia es una EA dada su elevada eficacia diagnóstica, rapidez y bajo
coste. La existencia de una obstrucción al drenaje biliar (colestasis extrahepática)
ofrece unas imágenes características: imagen de doble tubo o "en cañón de
escopeta" que viene dada por el tronco portal y el conducto biliar principal
dilatado, imagen "en medusa" producida por la dilatación del árbol biliar
intrahepático, e hydrops vesicular (5,6). Según donde se encuentre el nivel de la
obstrucción aparecerán todas o sólo alguna de las imágenes comentadas (7). Por otro
lado, el tiempo de evolución de la obstrucción y el desarrollo de una obstrucción
completa o incompleta van a condicionar la intensidad de los cambios ecográficos. La
sensibilidad de la EA para el diagnóstico de obstrucción biliar oscila entre el 92% y el
99%, con una especificidad entre el 87% y el 99%. Los falsos negativos se deben al fallo
en la visualización del árbol biliar, a la ausencia de dilatación por obstrucción
incompleta o reciente o a la presencia de aerobilia, hemobilia o pus en el árbol biliar.
Los falsos positivos pueden estar causados por colecistectomía previa, edad avanzada,
cístico de implantación baja, anomalías vasculares o hemólisis, ya que esta última
produce una dilatación fisiológica por el gran aflujo de bilirrubina al hígado. En
cuanto al nivel de la obstrucción, la EA tiene una eficacia diagnóstica superior al 70%,
aumentando su sensibilidad a medida que aumenta la experiencia del explorador. Además, en
más del 50% de los casos la EA permite realizar un diagnóstico etiológico (8).
La causa más frecuente de obstrucción
biliar en los pacientes con CH, al igual que en la población general, es la
colédocolitiasis. Habitualmente se produce por la migración de un cálculo desde la
vesícula. Su detección ecográfica es muchas veces difícil debido al pequeño tamaño
de estos cálculos, a la presencia de escasa cantidad de bilis rodeando al cálculo y a la
interposición en muchas ocasiones de gas, grasa y estructuras del hilio hepático (9). La
sensibilidad de la EA para la detección de colédocolitiasis varía entre el 10% y el
70%, obteniéndose los mejores resultados cuando la vía biliar está muy dilatada. La
especificidad, según las series, alcanza el 70-83% (8).
La litiasis intrahepática es mucho menos
frecuente que la colédocolitiasis y generalmente ocurre como consecuencia de una
estenosis de la vía biliar intrahepática (10). Por lo tanto, aunque infrecuente, no es
excepcional la aparición de ictericia secundaria a litiasis intrahepática en pacientes
con cirrosis biliar secundaria, sobre todo en la colangitis esclerosante primaria (CEP).
Ecográficamente se observa una dilatación segmentaria de la vía biliar y en ocasiones
se puede ver el cálculo. Otra entidad que hay que tener en cuenta en los pacientes con
CEP es el desarrollo de colangiocarcinoma. La incidencia de este tumor está muy aumentada
en los pacientes con CEP, llegando a encontrarse hasta en un 50% de las necropsias de
pacientes con esta hepatopatía colestásica (11). El diagnóstico precoz es difícil y
requiere un alto índice de sospecha. La aparición de una dilatación segmentaria de la
vía biliar en el curso de la CEP hace necesario descartar la presencia de un
colangiocarcinoma.
La colecistitis aguda presenta unos
hallazgos ecográficos característicos: distensión vesicular, engrosamiento de la pared,
dolor a la compresión con el trasductor (Murphy ecográfico), contenido vesicular de
mayor densidad que la bilis normal, líquido y colecciones perivesiculares. La
combinación de varios de estos hallazgos llega a tener una sensibilidad diagnóstica del
81-86% y una especificidad del 94-98% (8).
Tanto la pancreatitis aguda biliar como la
pancreatitis alcohólica pueden ser causa de obstrucción biliar en los pacientes
cirróticos. La exploración ecográfica del páncreas tiene algunas limitaciones: la
interposición de gas, la cirugía abdominal previa y la obesidad impiden una correcta
valoración del páncreas en alrededor del 20% de los casos. Sin embargo, la
visualización de un aumento de tamaño de la glándula, la identificación de
calcificaciones o de dilatación del conducto de Wirsung o la presencia de pseudoquistes
nos pueden orientar de manera importante en el diagnóstico (12).
La hemobilia es una entidad poco frecuente.
En la exploración ecográfica podemos encontrar dilatación de la vía biliar con aumento
difuso de la ecogenicidad intraductal (13).
Como hemos visto, la EA es muy útil en el
diagnóstico de la colestasis extrahepática, aportando en algunos casos además la causa
de la misma. En el caso de la colestasis intrahepática, salvo en el hepatocarcinoma, la
ecografía nos va a aportar pocos datos que nos puedan ayudar a determinar su etiología.
Quizás es únicamente en la hepatitis alcohólica donde la ecografía puede contribuir a
su diagnóstico. Aparte de la existencia de hepatomegalia hiperecogénica, frecuente en
esta entidad pero no específica, se ha descrito el signo del "canal
pseudoparalelo": en el parénquima hepático aparecen pequeñas estructuras tubulares
paralelas que en la ecografía doppler corresponden a la rama portal y a la rama adyacente
de la arteria hepática dilatada (14).
Por lo tanto, se puede concluir que la EA
es útil en el diagnóstico precoz de la ictericia del paciente con CH. No existen
estudios específicos sobre el impacto que este diagnóstico precoz pueda tener sobre la
supervivencia de estos enfermos. Pero, si asumimos que los hallazgos ecográficos son
fundamentales para un diagnóstico correcto y que ello permite instaurar un tratamiento
específico de forma precoz, debemos concluir que indirectamente aumenta la supervivencia
de estos enfermos.
ASCITIS E INSUFICIENCIA RENAL
La ascitis es el primer signo de
descompensación en la mayoría de los pacientes cirróticos y se asocia a un mal
pronóstico de la enfermedad (15). La probabilidad de supervivencia en el primer año
después de un primer episodio de ascitis es del 60%, a los 5 años es del 50% y a los 10
años tan sólo del 30% . Por este motivo, cuando un paciente cirrótico tiene su primera
descompensación hidrópica se considera que es candidato a trasplante hepático.
Para que la ascitis pueda ser detectada en
la exploración física es necesario que se hayan acumulado al menos 1000-1500 ml de
líquido peritoneal, ya que ésta es la cantidad mínima necesaria para que sea
perceptible la matidez cambiante y la oleada ascítica. La ecografía permite detectar
cantidades tan pequeñas como 30-40 ml de líquido ascítico (16) y, por ello, éste se
objetiva en muchas ocasiones antes de que se haya hecho clínicamente evidente. Este hecho
se pone con frecuencia de manifiesto en los programas de diagnóstico precoz de carcinoma
hepatocelular en los que se practica a los pacientes cirróticos una EA cada 3-6 meses.
Más importante que el diagnóstico precoz
de ascitis es la detección precoz de la disfunción renal que ocurre en los pacientes con
CH ya que probablemente la instauración precoz de un tratamiento en el segundo caso pero
no en el primero influya sobre la supervivencia de estos pacientes. La insuficiencia renal
funcional o síndrome hepatorrenal (SHR) representa el evento final de la llamada
disfunción circulatoria del cirrótico (17). El aumento de la resistencia vascular
intrahepática que se produce en la cirrosis y el consiguiente aumento de la presión
portal condiciona una importante vasodilatación del lecho esplácnico. Como consecuencia
se produce una redistribución de la volemia con una disminución del volumen arterial
efectivo e hipotensión arterial. Como mecanismo de compensación se produce una
activación de los sistemas vasoconstrictores (sistema nervioso simpático, sistema
renina-angiotensina-aldosterona) y de la hormona antidiurética. La activación de estos
sistemas conlleva una vasoconstricción en divesos lechos vasculares distintos al
esplácnico, siendo la vasoconstricción del lecho renal la de mayor relevancia por su
implicación en el SHR (18). Este se caracteriza por oligoanuria, insuficiencia renal,
hiponatremia e hiperpotasemia. Pero clinicamente su detección precoz es difícil ya que
la creatinina se eleva tardíamente, cuando existe ya una marcada disminución del
filtrado glomerular. Esto probablemente es debido a una disminución de la masa muscular
secundaria a la malnutrición y a la insuficiencia hepática. Pero en el SHR el cambio
precoz es una intensa vasoconstricción renal, con aumento secundario de la resistencia de
la arteria renal. Este cambio ocurre meses o incluso años antes de que sea reconocible la
insuficiencia renal y afecta hasta el 50% de los cirróticos no azotémicos. Para estudiar
precozmente este evento se puede medir la resistencia de la arteria renal mediante doppler
pulsado con la determinación del índice de resistencia (IR) y del índice de
pulsatibilidad (IP), que vienen dados por las siguientes fórmulas: IR= (Vs - Vd) /Vd; IP=
(Vs - Vd) / Vm. Vs es la velocidad de pico sistólico, Vd es la velocidad de pico
diastólico y Vm es la velocidad media.
Existen varios estudios que demuestran que
el IR de la arteria renal está aumentado en cirróticos descompensados y este aumento se
correlaciona con la gravedad de la ascitis y, sobre todo, con la insuficiencia renal
valorada según el filtrado glomerular. Maroto et al (19) encontraron que el IR de las
arterias arcuatas renales era significativamente mayor en los pacientes con CH
descompensada con ascitis e insuficiencia renal que en los cirróticos sin insuficiencia
renal y en los controles sanos. Observaron que, en la detección de la insuficiencia
renal, un IR mayor o igual a 0.70 tenía una sensibilidad del 71% y una especificidad del
80%. Esta sensibilidad era mucho mayor que la de la creatinina y el BUN. Además, el IR
era un factor predictivo de supervivencia, ya que los pacientes con un IR mayor o igual a
0.70 tenían un pésimo pronóstico. Ljubicic et al (20) observaron que un IR mayor o
igual a 0.70 identificaba a un grupo de pacientes con ascitis refractaria que no
respondían a tratamiento diurético. En otro trabajo de Rivolta et al (21) también se
demostró este aumento del IR en los pacientes con ascitis refractaria. Además
encontraron que este aumento de la resistencia vascular afectaba especificamente a las
arterias arcuatas e interlobares.Por otro lado, es conocido que la insuficiencia renal del
cirrótico es reversible, ya que la función renal vuelve a la normalidad tras el
trasplante hepático. Pompili et al (22) observaron que el IR de las arterias renales
disminuía de forma significativa a los pocos días del trasplante hepático.
Por lo tanto, la ecografía doppler es
una técnica útil para detectar de forma precoz a pacientes con elevado riesgo de
desarrollar ascitis refractaria y SHR. Ello, por un lado, puede evitar los efectos
adversos del tratamiento diurético, ya que en estos pacientes no suele ser eficaz. Por
otro lado, puede ser de utilidad, junto a otros parámetros clínicos, para seleccionar a
aquellos pacientes con un mal pronóstico a corto plazo en los que debería valorarse la
indicación del trasplante hepático. La realización precoz del trasplante mejora la
supervivencia de estos pacientes.
HEMORRAGIA DIGESTIVA POR VARICES
La hemorragia secundaria a rotura de
varices esófago-gástricas es una de las complicaciones más temidas en los pacientes con
CH. Así, el riesgo de hemorragia digestiva en pacientes cirróticos con varices es del 25
al 40%, presentándose la mayoría de los primeros episodios durante el primer año tras
el diagnóstico, y la mortalidad alcanza el 35%. El riesgo de recidiva del sangrado tras
este primer episodio llega hasta el 70% si no se realiza tratamiento profiláctico (23).
Por otro lado, la profilaxis primaria de la
hemorragia por varices mediante tratamiento farmacológico con betabloqueantes y la
prevención de la recidiva con tratamiento endoscópico y/o farmacológico disminuye el
número de episodios de sangrado y la mortalidad de estos pacientes. En un metanálisis de
D'Amico et al (24) realizado con 996 pacientes procedentes de 9 estudios, se demostró que
la profilaxis primaria con betabloqueantes no selectivos (propranolol y nadolol) reducía
de manera significativa el riesgo de sangrado y secundariamente causaba una disminución
de la mortalidad que se acercaba a la significación estadística. En otro metanálisis de
Poynard et al (25) , analizando los resultados en 586 pacientes procedentes de 4 estudios,
se halló que el propranolol en la profilaxis primaria disminuía de manera significativa
el riesgo de hemorragia y de muerte por sangrado, con una tendencia a reducir la
mortalidad global . En cuanto a la profilaxis secundaria, en el primer metanálisis
comentado se observó que el tratamiento con betabloqueantes en 755 pacientes procedentes
de 11 estudios reducía el riesgo de sangrado y la mortalidad. El análisis de los
resultados de la escleroterapia en 8 estudios con 1111 pacientes reveló unos resultados
similares. La escleroterapia se asoció con menor incidencia de resangrado pero con
mayores complicaciones graves y el impacto sobre la supervivencia del tratamiento
endoscópico y del farmacológico fue similar. Por lo tanto, es importante investigar la
presencia de varices en pacientes cirróticos y seleccionar aquellos con mayor riesgo
hemorrágico que se puedan beneficiar de un tratamiento profiláctico. Se ha demostrado
mediante cateterismo de las venas hepáticas que la rotura de las varices esofágicas se
produce cuando el gradiente de presión venoso hepático (GPVH) es mayor de 12 mmHg (26).
Sin embargo, el riesgo de sangrado se establece habitualmente mediante criterios clínicos
(clasificación de Child-Pugh) y endoscópicos (tamaño y coloración de las varices).
La EA es una exploración incruenta que
aporta valiosa información en el abordaje de este importante problema en los pacientes
con CH. El diámetro de la vena porta, el tamaño del bazo, la presencia de colaterales y
la ausencia de los cambios respiratorios en el calibre de la vena esplénica son datos que
indican la presencia de hipertensión portal (HTP), pero que no se correlacionan
claramente con la intensidad de la misma, el tamaño de las varices, ni con el riesgo de
sangrado. En los últimos años el desarrollo y la aplicación del doppler color y
sobre todo del doppler pulsado han permitido una valoración incruenta de la
hemodinámica portal. El principal problema de los estudios cuantitativos (velocidad
venosa portal y flujo venoso portal) y semicuantitativos (índices de resistencia y de
pulsatibilidad de la arteria hepática) mediante el doppler pulsado, es la gran
variabilidad interobservador e interequipo que existe. Sin embargo, con un entrenamiento
adecuado y aplicando correctamente la técnica sonográfica esta variabilidad puede
disminuir hasta niveles poco significativos (27). Teniendo en cuenta dicha variabilidad,
se admite que la velocidad venosa portal media en sujetos sanos es de 22,3 ± 4,4 cm/seg.
En pacientes con cirrosis hepática con HTP estos valores disminuyen. Esta disminución de
la velocidad portal está relacionada con el aumento de la resistencia vascular
intrahepática y con la existencia de una vasodilatación en la circulación esplácnica.
El flujo venoso portal viene dado por la fórmula: Velocidad Media x Area de Sección (p
r2 ); donde r es el radio del vaso. En los sujetos sanos el flujo venoso portal oscila
entre 750 ml/min y 1180 ml/min. En pacientes cirróticos el flujo portal disminuye y se
correlaciona con el grado de insuficiencia hepática y con el tamaño de las varices. El
flujo y la velocidad venosa portal se han correlacionado no sólo con el grado de las
varices sino con el riesgo de sangrado de las mismas. Para determinar los pacientes que
tienen mayor riesgo de resangrado tras un primer episodio de hemorragia por varices
esofágicas, Schmassmann et al. (28) propusieron un score que incluía la velocidad
portal, el diámetro de la porta, la respuesta del mismo a la respiración, el tamaño del
bazo, el calibre de la vena gástrica izquierda, la presencia de colaterales
esofagogástricas y la existencia de trombosis portal . El 67% de los pacientes con una
puntuación igual o mayor de 4 tuvieron recidiva de la hemorragia, mientras que sólo
recidivó el 22% de los pacientes con una puntuación menor de 4. En un estudio realizado
por Korner (29) los pacientes cirróticos con una velocidad media portal menor o igual a
12 cm/seg y un flujo venoso portal menor o igual a 420 ml/min tenían mayor riesgo de
sangrado, con una sensibilidad diagnóstica de 88% y 65% y una especificidad de 50% y 71%
respectivamente . El mayor riesgo de sangrado lo tenían los pacientes con una velocidad
media menor de 10 cm/seg. Este rendimiento diagnóstico se acerca al obtenido mediante
criterios endoscópicos y bioquímicos: sensibilidad de 67% en el primer año y del 90% a
los 2 años del diagnóstico de varices.
En el hígado cirrótico también está
aumentada la resistencia vascular de la arteria hepática. Este aumento de la impedancia
se relaciona con la fibrosis del parénquima hepático así como con la presencia de
sustancias vasopresoras y se puede valorar con el doppler pulsado, al igual que en
las arterias renales, mediante el índice de resistencia (IR) y el índice de pulsatilidad
(IP). Existen varios trabajos recientes que correlacionan el IP y el IR con el GPVH y con
el tamaño de las varices. Schneider et al (30) hallaron en un grupo de 50 pacientes
cirróticos que un valor de corte del índice de pulsatibilidad de 1.05 identificaba a los
pacientes con HTP severa con una sensibilidad de 86% y una especificidad de 88%.
Una vez seleccionados los pacientes que han
de recibir tratamiento profiláctico, es de gran interés conocer cuáles van a responder
adecuadamente al tratamiento betabloqueante, ya que esta respuesta varía de manera
significativa de unos individuos a otros. Hasta el momento actual, los pacientes
respondedores se han identificado mediante la medición del gradiente de presión en las
venas hepáticas; se considera que han respondido aquéllos en los que se consigue
disminuir el GPVH por debajo de 12 mmHg o al menos se obtiene una reducción del 20% del
gradiente pretratamiento. En más de un tercio de los pacientes que reciben tratamiento
con propranolol no se produce una disminución adecuada del GPVH. Esta respuesta
individual a los betabloqueantes no puede ser inferida de ningún dato clínico ni
analítico, incluyendo la disminución de la frecuencia cardiaca. Existen estudios
recientes que investigan la utilidad de la ecografía doppler para valorar estos
cambios provocados por el tratamiento con propranolol. Albillos et al (31) han detectado
una correlación entre los cambios producidos en el flujo venoso portal y la disminución
del GPVH en respuesta al tratamiento betabloqueante . En este trabajo, el 88,3% de los
pacientes respondedores al propranolol (considerando respondedores aquellos que habían
disminuído un 20% el GPVH) fueron identificados mediante doppler a través de los
cambios en el flujo venoso portal; la disminución de un 20% en el flujo portal tuvo un
valor predictivo positivo del 80,7% y un valor predictivo negativo del 94,1%. Por su
parte, Cioni et al (32) demostraron que la disminución de la velocidad portal en un 12%
tras una dosis única de 40 mg de propranolol, identifica al grupo de pacientes
respondedores; estos pacientes, en el seguimiento a largo plazo con tratamiento
betabloqueante, tienen un riesgo de sangrado significativamente menor.
Por lo tanto, aunque son necesarios más
estudios para corroborar los resultados obtenidos hasta ahora, la ecografía doppler
constituye una exploración incruenta que puede identificar a los pacientes con mayor
riesgo de sangrado y que, por tanto, pueden beneficiarse de un tratamiento profiláctico.
Además, puede ser un método adecuado para el seguimiento de la eficacia del tratamiento
farmacológico. Dada la variabilidad en la respuesta al tratamiento con propranolol, es
importante identificar a aquellos pacientes no respondedores que se podrían beneficiar de
la asociación de otros fármacos que contribuyan a reducir la presión portal.
HEPATOCARCINOMA
Es bien conocido que la CH,
independientemente de su causa, es el principal factor de riesgo para el desarrollo del
carcinoma hepatocelular (CHC). Sin embargo ciertas etiologías como la cirrosis por virus
B y C y la hemocromatosis tienen un riesgo mayor. También la edad avanzada y el sexo
masculino suponen un factor de riesgo añadido en los pacientes con cirrosis. La
probabilidad de desarrollar un CHC sobre un hígado cirrótico está entre el 3% y el 6%
anual (33). La incidencia es diferente en las distintas regiones del mundo. El Africa
Subsahariana y el Lejano Oriente son zonas endémicas, con una incidencia de 30 casos por
100.000 habitantes/año. La menor incidencia la encontramos en el Norte de Europa y de
América: 3 casos por 100.000 habitantes/año. En el Sur de Europa, la incidencia es más
alta, con 6-10 casos por 100.000 habitantes/año. A pesar del desarrollo reciente de
diversas modalidades terapéuticas el pronóstico global sigue siendo malo. Los tumores
grandes y sintomáticos habitualmente no son subsidiarios de tratamiento y tienen unas
tasa de supervivencia entre el 0% a los 4 meses y el 1% a los 2 años según las series
más optimistas. Los mejores resultados se han obtenido con tumores pequeños, pero
incluso en estos casos la tasa de supervivencia a los 5 años sólo alcanza el 50%
(34,35). Aunque estos resultados no son demasiado alentadores, el hecho de que se hayan
comunicado supervivencias significativamente más prolongadas con tumores asintomáticos
menores de 5 cm ha llevado a la expansión de los programas de vigilancia para la
detección precoz del CHC. Hasta el momento actual no hay estudios controlados y
aleatorizados que demuestren el aumento de la supervivencia en los pacientes cirróticos
que siguen un programa de vigilancia, a pesar de lo cual éste se ha convertido en una
práctica común entre los gastroenterólogos. Las pruebas habitualmente utilizadas son la
determinación de los niveles de alfafetoproteína y la realización de una EA. La
alfafetoproteina fue el primer marcador utilizado en los programas de vigilancia del CHC.
Sin embargo, su sensibilidad es baja, variando entre el 39% y el 64% según los diferentes
trabajos (36). Aunque su especificidad es mayor (76-91%), la alfafetoproteina también
aumenta en aquellas circunstancias en las que se produce un aumento de la citolisis (
brote de hepatonecrosis, seroconversión viral, etc.).
La escasa sensibilidad de la
alfafetoproteina ha llevado a incorporar la EA al programa de vigilancia del CHC. Se han
publicado numerosos trabajos demostrando buenos resultados de la ecografía en estos
programas de vigilancia. La mayoría de las series presenta una sensibilidad del 78% al
95% con una especificidad del 90% al 95%. Los mejores resultados corresponden a los
estudios japoneses con una sensibilidad del 85 - 95% (37). Aunque la sensibilidad global
de los US es buena, disminuye de forma significativa a la hora de evaluar la
multicentricidad de las lesiones. Así, en algunos tumores que aparecen como uninodulares
en la ecografía, la realización de otras exploraciones diagnósticas (tomografía
computarizada, resonancia magnética o arteriografía) demuestra que son multicéntricos.
En cuanto al intervalo de vigilancia se ha aceptado que el periodo más racional es de 6
meses. Este intervalo se basa en un estudio realizado en China, en el que se investigaba
el tiempo de duplicación del CHC menor de 5 cm. Sus autores observaron que el tiempo de
división más rápido correspondía al incremento de tamaño entre 1 y 3 cm,
completándose este crecimiento en cinco meses (38).
Aunque de forma general se puede decir que
la ecografía parece útil para detectar tumores pequeños cuando se realiza dentro de un
programa de vigilancia, resulta fundamental evaluar si conlleva una disminución de la
mortalidad. No existen estudios controlados y aleatorizados que demuestren que la
vigilancia aumenta la supervivencia. Existen varios trabajos que comparan los CHC
detectados en el curso de un programa de vigilancia con los CHC diagnosticados fuera de un
programa de vigilancia. En un estudio realizado en nuestro servicio encontramos que los
tumores diagnosticados en un grupo de 197 cirróticos que seguían un programa de
vigilancia eran más frecuentemente únicos y asintomáticos comparados con los
diagnosticados fuera de dicho programa (39). Otros trabajos también han obtenido estos
mismos resultados (36). Por consiguiente, parece razonable pensar que tumores más
pequeños serán con más frecuencia subsidiarios de un tratamiento potencialmente
curativo y, por lo tanto, su detección precoz aumentará la supervivencia. De todos
modos, el tamaño del tumor en el momento del diagnóstico no es el único factor que
dirige la terapéutica. Factores como la edad, la función hepatocelular o la
localización del tumor pueden ser fundamentales a la hora de desestimar una resección
quirúrgica. En cualquier caso, se han publicado varios estudios sobre la eficacia
terapéutica de las distintas modalidades de tratamiento del CHC que han mostrado mayor
supervivencia para los tumores más pequeños. Sin embargo, estos trabajos no son
controlados ni aleatorizados y en muchos de ellos, además, hay que tener en cuenta el
sesgo que representa establecer el diagnóstico en un momento mucho más temprano de la
evolución. Por lo tanto, se necesitan nuevos estudios controlados y aleatorizados que
confirmen si los programas de vigilancia para detección precoz del CHC mejoran la
supervivencia de los pacientes con cirrosis hepática.
En conclusión, en los pacientes con
cirrosis hepática la EA simple y doppler pueden contribuir al diagnóstico precoz
de: tipo y causa de la ictericia, predisposición a desarrollar SHR, riesgo de sangrado
por varices esofágicas, respuesta al tratamiento profiláctico de la hemorragia varicosa,
y CHC. Ello permite instaurar precozmente un tratamiento específico y, con ello,
probablemente aumentar la supervivencia. No obstante, todavía la información disponible
es insuficiente y se necesitan nuevos estudios metodológicamente adecuados que
demuestren, por una parte, su utilidad real y su relación coste-beneficio en comparación
con otras técnicas y, por otra, su contribución a mejorar la supervivencia del paciente
cirrótico.
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